Cultura organizacional: La figura del empresario y el espíritu empresarial

    04 de marzo de 2009. Lic. Olga Edith López

La figura del empresario y el espíritu empresarial

Lic. Olga Edith López

autores@tisoc.com

 




       Ganancia, competencia, liderazgo, espíritu empresarial, productividad, innovación, riesgo… Todos estos términos hacen parte de un sistema denominado "organización" o "negocio", sistema donde se lleva a cabo un proceso que permite la creación y apertura del mercado.  Y entre estos conceptos, el espíritu empresarial ha de considerarse como trascendente, por cuanto de él dependen la articulación  del proceso,  la dirección del sistema y las acciones que llevan a la productividad y la ganancia.


       La acción empresarial y sus resultados,  que  devienen del espíritu empresarial, dependen del agente social denominado empresario.  Y es que lo trascendente en términos económicos en una organización, no es la producción, sino la capacidad del empresario para generar oportunidades de negocio e  impulsar la innovación. Es tarea del empresario determinar dónde hay una oportunidad de negocio y analizar los factores que definen tales oportunidades como buenas y viables. Para la comprensión de este fenómeno  ha de analizar las expectativas, los niveles de incertidumbre y riesgo, tener intuición, adelantarse a los posibles y futuros factores sorpresa, tomar decisiones en relación con éstos y con la realidad presente, tener claridad sobre las inversiones, las ventajas, desventajas y proyectar ganancias. Así, el agente de la evolución de una empresa es el empresario, pues de su visión, ideas, capacidades y acciones dependen el establecimiento,  el desarrollo y progreso de la organización.


       De esta manera, la figura del empresario hace parte de la formación, consolidación y evolución de la empresa en el mercado, de acuerdo con las necesidades del momento, lo que implica arriesgarse al cambio, apostarle a la innovación y saber cuándo hacerlo, así como saber qué aspectos realzar de la organización.  Es aquí donde aparece el empresario con su decidido instinto de perfección para distanciarse de la realidad tradicional, salir a buscar nuevas oportunidades y asumir retos y riesgos. Esta búsqueda crea un nuevo nivel de condición y reconocimiento de la empresa. Gracias a la gestión del empresario los productos, bienes y servicios que se ofrecen crean competitividad. El empresario crea una inestabilidad en el mercado para remontarse sobre los demás iguales, incitando a los demás empresarios a salir en la misma búsqueda de competición y así sucesivamente. Por ello se puede describir al empresario como la persona que crea el desequilibrio en el mercado.


       El comportamiento económico de los empresarios obliga a estar alerta hacia los cambios no observados, no tangibles, no evidentes en el presente, y a los calculados o previsto por efecto de la razón o de la intuición, de manera que sea posible obtener ganancias y logros que superen los esfuerzos realizados para tal fin,  ganar más de aquello que hasta entonces se ha podido conseguir. Esto depende de la gestión, sí, de una gestión ambiciosa y abierta, que transforme rutinas y hábitos en pro del proceso de mercado. Este comportamiento supone, de parte del empresario, el conocimiento que se adquiere, fundamentalmente, por la experiencia y las habilidades innatas, por medio de la participación y la interacción permanente en diferentes escenarios. Ello implica adquirir perspicacia en el ámbito de la acción empresarial: la esencia misma del espíritu emprendedor eficaz, eficiente y efectivo.


       De acuerdo con lo anterior, podemos afirmar que cualquier persona es un empresario en potencia, puesto que el papel puramente empresarial se define por la capacidad de obtener y reflejar eficientemente las necesidades de cambio. La actividad del empresario en la relación empresa sociedad o espíritu emprendedor está relacionada de forma directa con la naturaleza competitiva. Esto significa que la búsqueda permanente de un liderazgo competitivo es inherente a su papel como motor del mercado.

 

(La autora es Lic. En Lenguas Modernas de la Universidad Pedagógica Nacional y Mg. en Lingüística Española del Instituto Caro y Cuervo, en Bogotá, Colombia. Se ha desempeñado como profesora de cátedra de la Universidad EAN. Actualmente dirige la Revista ELAN, es editora de ERDC y trabaja en su empresa editorial).

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